¿Por qué me tengo que hacer la difícil con el que me gusta? Lástima que no todos piensen así.
¿Qué tiene ella que no tenga yo? Me pregunto pasando cada foto que veo de ella en Facebook. Quizás mi sonrisa es chueca, o mi forma de vestir es pasada de exótica; quizás ella es más relajada, ¿o más loca? No, más loca que yo sería imposible. Después de pasar unas doscientas fotos aproximadamente, de stalkearle el Facebook, Twitter, Instagram -sí, lo tiene abierto- y hasta Linkedin, me doy cuenta de que el problema no es mi físico y ni mucho menos es por mis capacidades intelectuales. El problema es que soy muy fácil y regalada. ¡Sí señor! Leyó bien, soy orgullosamente fácil.
Así como unas mujeres dicen que llegaron tarde a la repartición de nalgas, yo les puedo decir que yo llegué tarde a la repartición de fuerza de voluntad. ¿Por qué me tengo que hacer la difícil con el que me gusta? Bien difícil que es tener una cita con ese humano masculino que te enloquece, porque a uno si le caen muchos, pero pues, que le caiga el que a uno le gusta es otro cuento. Juro que he tratado de hacerme la difícil pero poseo poca o nulas fuerzas para resistirme a las palabras lindas, a las cogidas de mano, a los abrazos desprevenidos; a las miradas a los ojos, a las caricias y pues que no me falten los besos. Me dejo llevar por el momento, por lo que siento, por el corazón, o por las hormonas -como lo quieran llamar-. Me gusta ser dulce, cariñosa, romántica pero sobre todo atenta. No me gusta que me rueguen, ni tampoco me gusta rogar. Si te quiero te lo digo y sino también. Me le mido a todo desde fútbol hasta tenis, frisbee o hasta bailar bachata -y bien mala que soy pa’ eso-. El hecho es: por el pejelagarto que me gusta hago y deshago.
Si bien todo esto suena lindo, en realidad el gran problema son todas estas vainas juntas. ¿Por qué? Porque nuestros adorados tormentos son más complicados y bipolares que nosotras. Ellos se la juegan por invitarnos a salir, pero si en la primera/segunda salida uno cae redondo como una arepa, ellos se comen la arepa y pasan a la siguiente, ¿sí me hago entender? Por otro lado, si uno se demora para creerles el cuento, ellos también se aburren y pasan a buscar la siguiente arepa. Entonces, ¿cómo es el maní? Malo si te dejas llevar por las palabrerías lindas y malo si les complicas el juego un poquito.
Yo he decido no seguir las reglas en el tema romántico. Lo más seguro es que aquel desocupado(a) que se las inventó estaba despechado(a). No hay nada más genial que vivir una relación/amistad sin guiones y sin ataduras. Vivir el momento, enamorarse y desenamorarse… Todos esos estados son lindos y necesarios en la vida de hombres y mujeres. Esos son los sentimientos que nos recuerdan que estamos vivos y que no somos seres de piedra. En este cuento del amor sonreír, llorar y hasta patalear es permitido.
Por ahora, dejaré de compararme con la nueva novia de mi traga porque simplemente cada mujer tiene una chispa que nos diferencia entre las otras. Ni a mí me hace falta algo ni a ella tampoco. De todos modos, hombres dejen de revolcarnos la cabeza con tantos cuentos. Si somos fáciles es porque (tú) has cumplido con una larga lista de requisitos, créeme, antes de salir (contigo) ya te tenía analizado.
Relato tomado de UPSOCL
Relato tomado de UPSOCL
MI OPINIÓN
No es que sea una fácil o no, simplemente es ser feliz, saber que es lo que uno quiere y tomarlo. Desgraciadamente para nuestra sociedad de doble moral esto es ser "fácil" ser una "puta" y perdón por la palabra, pero es que cuando nos hacemos del rogar somos unas mojigatas calienta pollas pero si lo damos son ningún esfuerzo somos esas zorras.
Curiosamente, la gente no se atreve a ser "fácil" ya que se complican tratando de hacer "lo correcto" y dejando a un lado lo que desean, lo que sienten y como dije en un principio lo que los hacen feliz, de esta manera la vida seria fácil y no solo en el amor, sino en la vida.
Mi consejo, tómalo, hazlo, si te arrepientes, por lo menos lo hiciste y no te quedaste con los "que tal si..." "y si hubiera..." porque, desde mi opinión, arriesgarse vale la pena.